Columna: Participación y Convención

En el trabajo de la Convención Constitucional vemos como un factor decisivo los mecanismos de participación ciudadana. Lo anterior, pues el proceso que vive Chile trae consigo expectativas territoriales, donde las personas están observando la constitución de una nueva Carta Magna, y la participación informada e inclusiva de todos es una oportunidad para lograr este objetivo central. Necesitamos una participación ciudadana representativa, inclusiva y descentralizada, lo que significa permitir que toda voz de personas, organizaciones y de la sociedad civil sea escuchada y considerada, y que esa acción de escucha activa recoja la opinión de las regiones y de las comunas del país. Todo lo anterior, debe realizarse con mecanismos eficientes, que coloquen en valor metodologías probadas y que otorguen seguridad.

No es menor el generar planificación y coordinación, con excelencia técnica, en el proceso de participación que se incorpore en la elaboración de una nueva Constitución, ya que esto tiene un costo económico y su operativización será financiada con recursos de todos los chilenos. La evaluación presupuestaria del proceso debe ser clara, precisa, con alto rango técnico y bajo los principios de eficiencia y pertinencia. Sólo entonces, podremos construir una planificación con plazos bien definidos, con una sistematización y una metodología que permita devolver a la ciudadanía los resultados de esta participación.

Para los Ríos este desafío no es nuevo. El nacimiento de nuestra región tuvo un componente importante de participación ciudadana, la cual también ha estado presente en experiencias locales relacionadas con la protección del medio ambiente. Este contexto regional, nos exige aún más que el proceso sea efectivo.

Los tiempos que vivimos van marcando el énfasis que deben colocar las instituciones en las acciones de escuchar y recoger los saberes de la ciudadanía en los temas que los afecta y que son centrales para el bienestar y desarrollo de las personas y los territorios. Debemos empezar a construir una casa que efectivamente sea de todos y no de unos pocos, tarea que los convencionales debemos impulsar en un ambiente de paz y respeto, y donde los resultados de este valioso proceso de participación logren influir en las deliberaciones donde está en juego el futuro de Chile.

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